En casa de la COP, cuchillo de plástico.

Leía hace unos días en The Guardian, uno de los diarios más influyentes del mundo, reconocido por su independencia y compromiso medioambiental y que en estos temas no da puntada sin hilo, que en la COP28 barruntan tiempos revueltos.

Y es que, según este medio, parece ser que al menos 12 funcionarios del organismo que alberga a la COP, y que tendrá lugar el 30 de noviembre en los Emiratos Árabes, podrían proceder directamente de la industria de los combustibles fósiles.

A esta revelación se suman las crecientes preocupaciones sobre la posibilidad de que se diluyan las líneas entre el equipo que organiza una cumbre que es crucial de este año y la influyente industria de combustibles fósiles de uno de los países más ricos del mundo en petróleo.

Y para más inri, está previsto que el Sultan Ahmed Al-Jaber, el director ejecutivo de Adnoc, una de las mayores petroleras del mundo, presida la conferencia mientras conserva su cargo en la compañía. El nombramiento de Al-Jaber como presidente de la COP28 ha sido duramente criticado (ya a finales de enero, 450 organizaciones de la sociedad civil pidieron al secretario general de la ONU el cese del sultán por su vinculación a la industria petrolera, considerada máxima responsable de la aceleración del cambio climático). Adicionalmente, en las últimas semanas, Al-Jaber ha sido acusado de “blanqueo ecológico”, al editar su perfil en Wikipedia. Todo esto justo unos días después de 130 políticos denunciaran en una carta la “incompatibilidad” del sultán como presidente de la cumbre.

No sé cómo lo veis vosotros, pero eso, más que generar impacto, es atizar un bofetón al cambio climático.

Y yo me planteo:

  • ¿No debería ser la COP un espacio seguro, un espacio de coherencia donde debatir y acordar lo que realmente importa para la humanidad, que es la supervivencia y el bienestar de nuestra querida Madre, y hacerlo con galones que le permitan a los organismos públicos generar credibilidad?
  • ¿No deberían sus directivos ser y “parecer” proclives a lograr acuerdos en pro del bien común? Porque aquí el storydoing mata con pesticidas cualquier intento de storytelling. Ya no hablamos directamente de greenwashing, sino de greenkilling.

Y con todo esto que nos llevamos en la maleta de vacaciones, queridos conciudadanos y conciudadanas, ecoansiedad la justa. Hagamos lo que podamos y exijamos a los que pueden, que hagan lo que deben.

Por cierto, de credibilidad, coherencia e impacto vamos a hablar mucho en nuestro Sustainable Brands en octubre. Si te apetece una lectura fresquita este verano, aquí te dejamos nuestra Guía “From Impact Brands to Purpose Driven Brands”.

Contacto: Puedes escribirnos a hola@somosquiero.com y compartir en tu redes:

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