Hagámoslo juntas, por favor.

Por José Illana, Fundador de Quiero.

Aquí paro, sentado a mi lado, pensando si estoy en uno de esos momentos de la “verdad”. Si estamos todos y todas, los de este lado del desarrollo, en uno de esos momentos donde parece que no te queda más remedio que tomar decisiones. De esas, de las buenas, de las que parece que te cambian la vida (luego quizás no es para tanto), pero acojonan.

El bicho, además de muerte, nos ha traído fragilidad. Esta última no nos va a venir nada mal, si nos apetece aprender de todo esto. Todos en mayor o menor medida estábamos sentados sobre un estado de cierta seguridad. Nos sentíamos capaces de anticipar y predecir, un poco, el futuro. Y con ese poco llevamos años construyendo una forma de comernos el mundo.  Se acabó, o mejor dicho, ya se había acabado hace tiempo pero esta pandemia nos ha bajado del guindo.

Todas las cosas que estamos viendo no son, ni más ni menos, tendencias que ya estaban ahí y que se han acelerado y nos ha desbordado. Ya está.

Cada cual verá cual es su momento de la verdad y cómo le mete mano a la cosa. Personalmente, pienso que esta fragilidad, en la que me encuentro, me coloca frente al recogimiento o la apertura. ¡Qué sano es reconocerte frágil y construir desde ahí!

¿Crees que hace falta un cambio sistémico? ¿Puede producirse desde el recogimiento? ¿Desde el miedo?

Cojo perspectiva de lo que hemos hecho esto estos meses en Quiero.  Y siendo fieles a nuestra manera de entender el mundo, he sentido miedo. Hemos mirado ahí fuera desde el miedo, nuestro miedo. No facturar, perder empleo, sufrir. Legítimo pero…

Son muchas las reflexiones que surgen, pero hay una sobre la vuelvo una y otra vez. Nuestra interdependencia. El bicho nos está demostrando a todos la sociedad conectada en la que vivimos. Y no me refiero a la famosa y cuestionada globalización, sino a una sociedad claramente interdependiente que asume la necesidad del uno con el otro. Algo que por otra parte está en la esencia de nuestra evolución como especie.

Pienso en estos días en aquello de que una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil. ¿Qué valor tiene construir empresas de éxito de espaldas a unas comunidades arrasadas por una desigualdad, cada vez más próximas a la pobreza? No entro únicamente en valorar la dimensión ética, que la tiene, sino en reflexionar sobre el riesgo real de devaluar mercados, el pilar sobre el que se construye cualquier oportunidad de hacer y crear valor desde la certidumbre.

Se me hace presente la novela “Las uvas de la ira”, de John Steinbeck, un clásico sobre La Gran Depresión en Estados Unidos. El viaje iniciático de una familia de granjeros en su huida de la pobreza y el descubrir de un modelo incipiente centrado en la búsqueda de las economías de escala: Minimizar costes, maximizar beneficios.

Ha llegado el momento de pasar de un modelo de economías de escalas a un modelo de economías de impacto.  Y debemos hacerlo juntos.

Seamos honestos. El momento del “Yes, we can” ha pasado. Y ha pasado porque tenemos que asumir y reconocer que claramente “podemos”. Como empresas y agentes sociales jamás hemos tenido tanta influencia. Tenemos los recursos, las redes, el conocimiento y la tecnología suficientes para diseñar y construir un modelo socio económico que tenga impacto en la sociedad.

No es por lo tanto “si podemos”, sino “si queremos” un cambio sistémico en nuestra manera de ver y hacer el mundo.

Siento que la vida nos ha colocado a todas y todos en uno de esos momentos clave. Tenemos una oportunidad única, apasionante y retadora. Hagámoslo juntas por favor.

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