¿Hay algún líder en la sala?

En tiempos de crisis de confianza en el sistema, en las empresas, en la administración y los gobiernos e incluso en los medios…este virus tiene, aunque a veces cueste encontrarlo, un lado positivo: nos ofrece una segunda oportunidad para recuperar la confianza en el otro.

Como en el caso del cambio climático y las desigualdades sociales que vivimos, el COVID- 19 nos viene a demostrar que estamos todos conectados y dependemos del otro (de nuestro vecino, de nuestros conciudadanos, de los habitantes de nuestra comunidad autónoma, de nuestro país, de los europeos y en definitiva de todas las personas habitantes de este mundo), para evitar el desastre. Así, Bill Gates ha comentado recientemente: “Ayudar a países con pocos recursos para prepararse frente al COVID-19 ralentizará la circulación mundial del virus” (su Fundación ha comprometido 100 millones de dólares para acelerar vacunas y tratamientos). En apenas unos años, no será posible para casi nadie tener una calidad de vida digna si los desastres climáticos acechan y si, en consecuencia, la desigualdad social crea inseguridad en las calles.

En estos días, y desde que Tedros Adhanom, Director General de la OMS (Organización Mundial de la Salud), declaró que el brote de coronavirus podía considerarse pandemia,

se suceden muchos gestos de buena voluntad en distintos ámbitos: ciudadanía, empresa privada, asociaciones, tercer sector, etc. por no hablar de los diversos colectivos que, poniéndose en riesgo, reducen dramáticamente el de la sociedad en su conjunto. A nivel institucional destacan el Banco Mundial (World Bank) y la International Finance Corporation (IFC) que aprobaron un paquete fast – track de 14 billones de dólares para la asistencia financiera de compañías y países en sus esfuerzos para prevenir, detectar y responder al COVID-19.

Pero profundizando en el rol empresarial, donde sin duda también están surgiendo iniciativas cada día, ¿cómo debería abordar la empresa o la marca su rol ante el COVID-19? Sería recomendable empezar por entender las necesidades presentes y futuras, aquellas que son incuestionables, que surgen de fuentes veraces (por ejemplo, Room Mate ante la congestión hospitalaria, ha puesto a disposición de las autoridades dos de los seis hoteles de la cadena en Madrid para atender a los afectados por el brote del COVID-19). Y no olvidar que en el momento actual hay tanta necesidad como la habrá durante la recuperación, que requerirá también de acciones disruptivas consistentes en el tiempo como dijo alguna vez Kofi Annan: “The question is the morning after”. Por ejemplo, pensar qué puede hacer la empresa para ayudar a sus proveedores habituales pyme para para regenerar su negocio es proyectar hacia el mañana.

Una vez determinadas las necesidades, identificar los talentos y capacidades únicas, teniendo en cuenta nuestros assets, ayudará a entender cómo se pueden poner a disposición del reto. Recordemos cómo Unilever suministró gratuitamente 750.000 pastillas de jabón en la crisis del Ébola. Por su parte, Pernord Ricard en España ha puesto en esta crisis su logística a disposición de las autoridades para fabricar geles hidroalcohólicos e Inditex acaba de anunciar que pone al servicio del Gobierno su red logística para facilitar las compras que haga el Estado en China, y además que comenzará a fabricar máscaras, guantes y ropa para el personal sanitario para contribuir a esta crisis.

Por otra parte, se habla mucho últimamente de empresas con propósito. En Quiero creemos que hay Momentos de la verdad, como es hoy el COVID-19, en los que hay que demostrar si el propósito va realmente “en serio”. Podríamos preguntarnos, de las empresas con propósito o que están construyendo el propósito ahora: ¿Cómo se toman decisiones en este momento con el propósito sobre la mesa? ¿Qué es lo mejor que se puede hacer para estar a la altura del momento de la verdad que vivimos, y del propósito empresarial que se busca o tiene?                                                                                                                      

Seamos exigentes con nosotros mismos para estar a la altura del propósito: dar lo mejor y lo máximo y no sólo lo imprescindible para “cumplir”. 

En este camino de reflexión, hay 3 pilares transversales que creo que como empresas deberíamos de seguir:

1.De dentro a fuera: ¿Estamos cuidando de nuestros empleados del mejor modo? ¿Cómo podemos contribuir con impacto a nuestra cadena de valor?  ¿Y a nuestros clientes y consumidores? Si los stakeholders más cercarnos están orgullosos de pertenecer a nuestra empresa, darán voz y visibilidad hacia fuera. En estos momentos, por ejemplo, Mercadona ha empezado por dar una prima del 20% a sus empleados (aunque me pregunto si hacemos lo suficiente todos para compensar el crucial papel de aquellos que aseguran que tengamos comida). O Microsoft a nivel internacional, que ya anunció que mantendrá el pago regular por hora a sus proveedores de servicios, independientemente de que se reduzcan las necesidades de servicio.

2. Comunicar clara y frecuentemente, sobre todo a los que más dependen de nosotros: Esto implica reconocer errores, compartir dudas e inquietudes con nuestros stakeholders más cercanos para co-crear y, finalmente, “hacer lo que se dice”, sobre todo hablando de la regeneración a medio plazo.

3. No pretender ser los héroes y buscar el impacto: generar alianzas, inclusive si se trata de nuestro más grande competidor, para generar un impacto positivo juntos mucho mayor. En el sector privado, por ejemplo, se ha creado la iniciativa “Food 4 héroes”, una alianza entre algunas marcas de comida como Grosso Napoletano, Tierra Burrito, Manolo Bakes, Honest Green, etc… que se han unido ahora para dar apoyo a los profesionales sanitarios suministrándoles comida.

En este momento de crisis del COVID-19, y en cualquier otro, la autenticidad es y será la clave. Un líder simplemente lo es, no busca permanente ser reconocido como tal.

Esta crisis, que recuerda mucho la ambiental (ahora relegada, pero con efectos permanentes), nos ha obligado a reinventar la manera en la que vivimos en unos pocos días. A transformarnos.

El famoso Green New Deal o Pacto Verde, agenda política y social reciente habla precisamente de una transformación total de la economía necesaria para abordar esta crisis ambiental y por tanto, social. Algunos lo ven difícil y hasta irreal, aunque pocos niegan ya ahora su necesidad. Pienso que las personas estamos transformando nuestras vidas con el virus y quizás, todos empecemos a conseguir recuperar la confianza perdida en el otro. La sociedad va a ir por delante como siempre, y a partir de esto se van a demandar más cambios, que desde la empresa no se van a ignorar.  Tenemos la oportunidad de transformar nuestra economía a una Verde sin dejar a nadie atrás, conquistando ese soñado New Green Deal. ¿Hay algún líder en la sala?

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