“La tecnología nos permite llevar la ciencia a muchos más niños”

Cristina Balbás, fundadora de Escuelab.

De trabajar en biología molecular a llevar adelante un emprendimiento social. Cristina Balbás dio un giro a su carrera con Escuelab, una iniciativa que reúne a científicos, pedagogos y artistas para despertar la creatividad de los más pequeños a través de la ciencia y el juego.

Su voz suena vibrante, cristalina, enérgica, al otro lado del teléfono. Un nuevo día de confinamiento por el coronavirus que no ha conseguido parar la actividad de Cristina Balbás, fundadora de Escuelab, un emprendimiento que acerca la ciencia a los niños de una manera lúdica. Desde 2013, la iniciativa incluye no sólo talleres de ciencia, sino también formación en valores de los más pequeños, con quienes trabajan en el desarrollo de la autoestima, la gestión de la frustración, la creatividad, el trabajo en equipo o las habilidades comunicativas, entre muchas otras.

Cuando empecé me di cuenta de que las actividades que había para anotarse desde centros de investigación o clases para chavales, relacionadas con la ciencia, se llenaban en seguida, no había manera de encontrar plaza”, comenta Cristina. “Creamos un equipo para desarrollar materiales y talleres de investigación y ciencia que hacíamos, al principio, con voluntarios y de forma gratuita”.  De estos comienzos en 2013, el proyecto dio un nuevo salto con la inclusión de un equipo multidisciplinar de investigadores de amplia experiencia internacional y formación en comunicación de la ciencia, pedagogos y artistas, con fuerte compromiso social, al que se sumó una nueva visión de generar un proyecto que pudiera ser sostenible en el tiempo.

Hoy, Escuelab incluye varias líneas de trabajo, desde clubes de ciencia extraescolares en diferentes colegios, hasta campamentos urbanos de día, campamentos con pernoctación durante las vacaciones de los niños o talleres para fiestas. “Mantenemos talleres en las extraescolares, con grupos de niños/as becados en colegios públicos o concertados. Y becas completas para niños/as en riesgo de exclusión, también para los campamentos”, asegura la fundadora de un proyecto que ha recibido premios y reconocimientos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, o instituciones como Ashoka o Fundación Telefónica.

Su mayor preocupación es seguir desarrollando nuevas líneas de trabajo que incluyen, sobre todo, la formación del profesorado. “Nuestro aporte de valor está en el diseño de actividades para que los niños aprendan ciencia de otra forma”, comenta Cristina. “No está en la logística. Por eso estamos preparando una plataforma online para docentes, con contenidos alineados con el curriculum, para que ellos puedan desarrollar en el aula y llegar a muchos más niños”. Una forma de escalar el proyecto en diferentes lugares de España e incluso más allá, en América Latina, sin necesidad de contar con nuevas “Cristinas” que tengan que abrir una sede en cada lugar.

Tiempo de reinventarse

Esta nueva situación sanitaria que estamos viviendo es un nuevo desafío para todos, también para el proyecto. “Estamos con cero actividad; por eso hemos empezado a pensar en cosas nuevas”, reflexiona. “Estamos haciendo píldoras de experimentos científicos que los niños puedan hacer en casa, con materiales que estén a mano o fáciles de conseguir en estos momentos. Es una selección de actividades más sencillas, que estamos grabando de modo exprés y subiendo a una plataforma online para empresas. También estamos explorando ofrecerlo de forma gratuito a nivel individual, para la gente, y el que quiera pueda acceder a un contenido más extendido con un mínimo pago de un euro, por ejemplo”.  

Cristina es clara con lo que le gustaría que, una vez pasada esta crisis, no se pierda: desde el reconocimiento al trabajo de los sanitarios y los docentes más allá de este momento, hasta una mayor conciencia a la hora de ir a las urnas y votar. “Necesitamos poner en perspectiva muchas cosas. Entre ellas la inversión que se realiza en la ciencia”.

En la actualidad, Cristina Balbás sigue aprendiendo. Lejos quedaron los momentos donde sus interlocutores se dirigían más a su socio varón que a ella (“notaba más el abismo por edad que por machismo”); o en los que tenía que echar mano de su curriculum para mostrar valía. “Ahora ya voy más sola a las reuniones, ya tengo más rodaje”, dice. A sus 32 años, lidera un proyecto por el que ya han pasado más de 13.500 niños, grandes empresas y clientes.

¿Aprendizajes? Muchos. “Soy bióloga, he tenido que aprender cómo llevar una empresa, cómo manejar cosas como la caja… Y cómo abrir líneas de actividad. En la actualidad nuestro trabajo con empresas es muy potente. Cuando empezamos no nos imaginábamos que las empresas podían ser clientes”.

Con el paso de los años, Cristina resume sus consejos para emprender un negocio en tres: encontrar algo que te guste, motive y emocione; formarse lo máximo posible y rodearse de gente que sea mejor que uno mismo; y tener mucha resiliencia: reformular cosas, entender que eso es parte del proceso y ser prudente y arriesgado a la vez. Eso sí, buscando que los riesgos sean medidos.

En este mes de la mujer, seguimos dando visibilidad a mujeres inspiradoras. ¿Qué mujer es tu fuente de inspiración? ¿Y si se lo dices?

#Quierodecirte #Mujeresimparables

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