“NECESITAMOS REFERENTES QUE CONSTRUYAN NUEVAS MASCULINIDADES”

shaina vara, pedagoga

Quiero Filosofía – Violencia de género: bajo la punta del iceberg

Entrevista exclusiva con Shaina Vara, pedagoga especializada en género y sexualidades

Una revolución de la masculinidad y una educación que destierre el currículum oculto que perpetúa la hegemonía masculina desde el lenguaje y los contenidos, son algunas de las claves para luchar contra la violencia de género. Una violencia multifacética que tiene sus raíces en pautas culturales transmitidas de generación en generación.

Durante años, generaciones, siglos, la educación se ha trasmitido – y se sigue haciendo-  en masculino: libros de texto que obvian la historia de las mujeres, o de las personas de raza, donde el mensaje es, además, “muy blanco, muy colonial, muy misógino y heterosexual”, como comenta la pedagoga especializada en género y sexualidades, Shaina Vara, quien será parte de la nueva edición de Quiero Filosofía, “Violencia de género: bajo la punta del iceberg”, el próximo 27 de noviembre.

Hemos mamado la violencia de género desde la infancia, a través de pautas cultivadas, sin saberlo, desde la cuna, desde el hogar y las instituciones educativas, desde la sociedad… Más allá de los golpes y la violencia machista que termina en muchas ocasiones en asesinatos, hay una realidad mucho más oculta que tenemos que abordar de forma urgente.

La cultura dominante ha favorecido la construcción de un cierto estereotipo masculino hegemónico. ¿Cómo podemos, desde la educación, construir nuevas masculinidades que contribuyan a reducir la violencia de género?

La educación es la base del aprendizaje conductual humano y del conocimiento. Necesariamente, necesitamos dar un giro al conocimiento colectivo para transformar lo que entendemos por masculinidad y femeneidad. En los últimos años se está viendo cómo construir nuevas masculinidades, porque las feministas llevamos siglos haciendo reestructuraciones de la femeneidad.

«Tenemos que construir nuevas masculinidades no hegemónicas, violentas o agresivas, que sean solidarias o corresponsables«

Para mi es vital entender que sin referentes en positivo es muy difícil imaginar otra forma de ser. Si no tenemos referentes positivos de masculinidades no hegemónicas, no violentas ni agresivas, sino solidarias, que sean corresponsables, difícilmente un chico que se identifique con una masculinidad (o una mujer), va a adquirirla. Hay que tener referentes positivos.

Para construir esos referentes en positivo necesitamos quitar peso negativo a la femeneidad tal y como se ha construido. Es necesario, a la vez que construimos nuevos referentes, reforzar las femeneidades en positivo. Cuando un hombre no se reconoce como lo que comúnmente llamamos viril (que ocupa espacio, que ocupa la palabra, que lidera), lo primero que se le dice es que es un “maricón”, entendiendo que se acerca a la femeneidad como si fuera algo negativo. Para mi es vital trabajar en los dos ámbitos en paralelo. Aunque luego entremos a criticar algunos aspectos de la femeneidad.

En las aulas, ¿cómo se está trabajando hoy en la trasmisión de nuevos modelos? ¿Cuánto queda aún por hacer?

Tenemos un marco legislativo y jurídico a nivel europeo y español, que asegura una igualdad, pero en la praxis esto no es real. Todavía tenemos un currículo educativo oculto, que es el que no se explicita pero que está ahí, a diario: libros de texto masculino – genéricos, que obvian la historia de las mujeres, y de las personas de raza. En las escuelas y aunque en la Comunidad de Madrid tenemos una ley que permite este trabajo en las aulas (más igualitario), queda muchas veces a voluntad de las direcciones de los centros. No nos queda otra opción que apoyar a estos docentes que lo hacen a motu proprio, y entrar y ganar espacios en las escuelas e institutos de educación formal y no formal, para trabajar grupalmente.

No sólo son los golpes físicos los que duelen, sino también la palabra. ¿Cómo el lenguaje construye violencia y cómo generar cambio desde la educación?

Es vital hacer una formación sobre el lenguaje. Debería ser parte del currículo obligatorio, saber y ser conscientes de que el lenguaje es una herramienta simbólica que construye mentalidades y formas de actuación. El castellano tiene además una carga simbólica misógina y racista muy fuerte. Es necesario trabajar con jóvenes y con pequeños y pequeñas para que el lenguaje en sí mismo no tenga intencionalidad. El lenguaje crea formas de entender el mundo. Es necesario, cuando enseñamos a hablar a los peques, nombrar el masculino y el femenino, que sean capaces de entender que con el lenguaje no siempre se está incluyendo a todo el mundo. O que no siempre la persona que tienes delante se puede identificar con cómo la estás nombrando. No es dar una clase sobre cómo usar el lenguaje inclusivo, sino utilizarlo en el día a día, ser menos discriminatorio hasta el punto de que ellos lo puedan ir incorporando.

«El castellano tiene una carga simbólica misógina y racista muy fuerte. Es vital hacer una formación sobre el lenguaje«.

Es importante trabajar con los docentes y los más pequeños, pero ¿y los padres y madres que son portadores de una cultura? ¿Cómo continuar el aprendizaje en el colegio en las casas?

En el ámbito educativo tenemos que saber hasta dónde podemos llegar. A veces puedes sensibilizar y hacer acompañamiento en dinámicas familiares, pero no siempre es así.  Si con campañas, con cursos, con hasta terapias familiares no llegas… no puedes obligar. En la praxis hay un límite. Hay un discurso que se repite mucho, que es cuando familias te dicen “aquí vienen a aprender, yo educo en casa”. O al contrario, cuando la escuela dice: “yo no tengo que educar a tu hijo, lo tienes que traer educado desde casa”. Yo sí que creo que el ámbito educativo tiene una responsabilidad: los docentes, los chavales y chavalas nos pasamos jornadas laborales en la escuela que incluso van más allá del convenio colectivo. Son ámbitos de socialización y de aprendizaje. Creo que tenemos una responsabilidad de educar a estas personas, porque muchas de ellas tienen un contexto muy desfavorable en los hogares. No hablo a nivel económico, sino que vivan dinámicas familiares de desigualdad, discriminación o violencia. Creo que los contextos escolares tienen mucha responsabilidad a la hora de acoger e identificar estas situaciones.

¿Hacia dónde seguir caminando? ¿Qué es lo que falta por hacer?

Desde el trabajo por la prevención ante la violencia tenemos cierto grado de privilegio porque al final somos personas blancas que vivimos en el país en el que hemos nacido, con papeles en regla… Tenemos que ser muy conscientes desde dónde hablamos y abrir las orejas  a otros perfiles de personas que nos dicen “oye qué interesante, pero yo como persona seropositiva, etc, esto que cuentas no me interpela; o esto genera una discriminación indirecta que no estás teniendo en cuenta”. Creo que a veces esos discursos se nos escapan. Me parece interesante trabajar desde un discurso intersectorial, que tenga en cuenta tu posición de partida al hablar.

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