Qué raro suena “CREARNOS VALOR”. Pues está bien escrito

Martin Reisch / Unplash

Estarás de acuerdo conmigo en que uno de los términos más utilizados en el mundo corporativo es “creación de valor”. Por suerte, todavía no lo escucho en el día a día de nuestras vidas. Nunca he oído a nadie decir que su pareja le aporta valor. Si un día te lo suelta la tuya… háztelo mirar.

Llevo tiempo dándole vueltas a esto de crear valor. Lo oigo mucho, lo digo mucho. ¿Qué significa realmente? ¿Entendemos todos lo mismo cuando lo decimos?

En un contexto de adaptación climática, crisis de materias primas con tensiones en las cadenas de suministro, desigualdad creciente con una clase media menguante en Occidente, tensiones geopolíticas y una disrupción tecnológica cargada de esperanza y miedo… ¿qué quiere decir una empresa cuando afirma que crea valor? ¿Qué queremos que signifique? ¿Hablamos de valor de marca? ¿Y qué papel juegan las marcas en todo esto? ¿Y el arte y la cultura?, sobre este último hemos hablado estos días en La Revolución de las Emociones

Pienso en la cadena de valor, ese modelo nacido en los 80 de la mano de Michael Porter. Lineal, eficiente, rentable. Transformar recursos en productos para aumentar su valor de mercado. Pero estamos en 2025 y ese modelo se ha quedado corto: pertenece a una lógica extractiva, diseñada para optimizar dentro de los límites de la propia organización. Hoy el reto no es extraer, sino regenerar.

También me viene a la cabeza el concepto de Valor Compartido, otro término de Porter, esta vez con Kramer. Durante un tiempo se convirtió en el comodín para hablar del compromiso de las empresas con la sociedad. Pero, siendo honestos, no deja de situar a la empresa -y su rentabilidad- en el centro. La palabra “compartido” suena bien, aunque en realidad es una manera sofisticada de hablar de filantropía. Elegante, pero insuficiente.

A todo esto, se suma el tsunami regulatorio que ha transformado la gestión empresarial en los últimos años. Lo que antes era riesgo reputacional, ahora es también riesgo financiero. Y no es lo mismo, aunque se parezca: que se lo digan al CFO. Cuanto más controlamos el riesgo, más difícil parece generar cambio. Y sin cambio, ¿qué valor estamos creando?

El valor es una construcción social. Ese es el punto. Lo que consideramos valioso depende de acuerdos, contextos, instituciones y narrativas colectivas. Y eso implica salir de la comodidad de una única definición para aceptar que existen múltiples valores, coexistiendo y a veces chocando. 

Por eso en Quiero hablamos de ‘Arquitectura de Valor’. Una evolución, creemos, necesaria. Porque frente a la cultura de la cadena -lineal, interna y controlada-, la arquitectura propone formas, materiales y perspectivas interdependientes que crean armonía. No hay un único actor protagonista, sino múltiples agentes internos y externos que interactúan para generar valor en todas sus dimensiones: económica, social, ambiental, cultural y simbólica.

En esta visión, la empresa deja de ser una máquina de procesos y se convierte en un nodo activo dentro de un sistema interconectado. La innovación es colaborativa, abierta y estratégica, incluyendo lo disruptivo y no solo lo incremental. Los actores se amplían incluyendo no solo a empresa, proveedores y clientes, pero también a comunidades, ONG y medio ambiente. La innovación es abierta, la colaboración es estratégica, y el tiempo se mide en generaciones, no en trimestres. Por ello las externalidades han de ser reconocidas, cuantificadas y gestionadas. El valor es multidimensional: económico, social, ambiental, cultural y  simbólico.

¿Se puede aterrizar esto en la gestión diaria? Sí. En Quiero lo estamos trabajando: Empezamos mapeando el ecosistema, co-creando un lenguaje común del valor y diseñando a partir de ahí una teoría del cambio. Incorporamos la gobernanza del valor mediante consejos en los que participan actores internos y externos que velan porque esa creación de valor se cumpla. Y a partir de ahí, experimentamos, medimos, escalamos y aprendemos.

Nadie dijo que construir una sociedad mejor fuera fácil. Pero sí que merece la pena intentarlo.

¿Nos creamos valor?

Contacto: Puedes escribirnos a hola@somosquiero.com y compartir en tu redes:

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