“Con esfuerzo e ilusión se pueden hacer muchas cosas”

Ana María Lus, fundadora de “Alpacana” y una de las ganadoras de la III edición de GIRA Mujeres de Coca-Cola.

Recupera una labor ancestral en un proceso de esquila e hilado totalmente artesanal, que respeta al animal y al medioambiente. La “Alpacana” es, además, una reivindicación de los oficios y una forma de mostrar con orgullo las oportunidades que esconde el ámbito rural. 

Ana María Lus se despierta todas las mañanas con una envidiable vista a los campos verdes de Cantabria, el sonido de sus 17 alpacas, una especie doméstica de camélida con una estructura que se asemeja a la oveja, y el calor y apoyo de sus vecinos para seguir adelante con su proyecto. Hace unos años conoció este animal de origen sudamericano, emparentado con las vicuñas, y desde entonces no paró hasta encontrar el modo de llevarlo a Cantabria y hacer de su pasión, un emprendimiento original. 

Hace dos años que empecé con la inversión en una granja, la compra de animales y maquinaria para poner en marcha la iniciativa”, comenta Ana María Lus, fundadora de “La Alpacana”. “Además de tratarse de un proceso artesanal para tratar la lana, me quiero focalizar en que se pueda conocer toda la cadena, desde cómo es el animal, hasta cómo se esquila y se hila, sin químicos, para llegar a la lana y al tejido final”.

“La Alpacana” es en estos momentos una iniciativa unipersonal, y va creciendo desde el aprendizaje y la formación constante, porque si en algo cree Ana María es en el esfuerzo y la búsqueda de herramientas que le permitan crecer y encontrar la financiación que necesita para su proyecto.

P: “La Alpacana” está en proceso de crecimiento y se desarrolla en un ámbito rural donde, a priori, todo puede resultar más difícil. ¿Cómo ha sido esta búsqueda de apoyos y financiamiento para seguir adelante y no tener que salir de tu tierra natal?

Antes era administrativa y si bien he salido del pueblo y he vivido en otros lugares, la verdad es que tengo la raíz muy arraigada. Al día de hoy, además de este proyecto propio, tengo también un trabajo por cuenta ajena que me permite estar en contacto con la gente del lugar. Me encanta poder llamar a la gente por su nombre, cuando algún vecino entra por la puerta.

Es verdad que es muy complicado no irse del ámbito del pueblo. Yo me he esforzado mucho porque me gustaba este proyecto y he llamado a todas las puertas para conseguir ayuda. Pero el sector primario no es fácil. Hay muy poco margen de ganancia. Mi gran suerte ha sido encontrar a gente por el camino que me ha ayudado.

P: GIRA Mujeres apareció cuando ya tenías la granja en funcionamiento. ¿Cómo fue y qué te ha aportado?

Pensé en no presentarme al Concurso, porque siempre piensas que Coca-Cola es demasiado grande para que te toque. Pero la Agencia de Desarrollo local me presentó la oportunidad. Y me pareció importante acercarme para seguir aprendiendo. Sobre todo, me ayudó a compartir experiencia con otras mujeres, a darme cuenta de lo complicado que es para la mujer el poder tener un lugar en la sociedad actual.

Lo que he aprendido es que uno puede encontrar redes donde no se pensaba. Que cuanto más hablas de tus ideas, más feedback recibes y nunca sabes lo que puede pasar.

A mi GIRA Mujeres me ha cambiado totalmente: primero me ha permitido darme cuenta de que con esfuerzo e ilusión se pueden hacer muchas cosas. Ha sido una inyección de autoestima. Segundo, me ha permitido saber que hay mucha gente alrededor: en el pueblo, los vecinos me han parado en la calle para interesarse, dar ánimos. Lo más importante es que si con mi resultado ayudo a que otras mujeres se sumen y salgan de su cascarón, ya sólo con eso va a haber merecido la pena.

«Me he dado cuenta de que con esfuerzo e ilusión se pueden hacer muchas cosas».

P: Ya has cumplido parte de tu sueño poniendo en marcha el proyecto. ¿Hacia dónde vas ahora?

Junto a mi mentora de GIRA Mujeres estoy tratando de focalizar la iniciativa, porque tengo muchas ideas en la cabeza, muchas cosas que quiero hacer y que necesitan inversión. Mi sueño es poder dedicarme 100% a este proyecto, no tener que depender de otro trabajo y hacer crecer, además, a la gente de mi entorno, a la economía local. Eso significa poder emplear a otras mujeres y generar una red turística para fomentar el conocimiento de las alpacas. Yo quisiera que gente como yo, a quien le gusta quedarse en el pueblo, lo pueda hacer y no tenga que salir a la ciudad.

Además, y esta es la diferencia con otras granjas de alpacas (que no son muchas en España), quiero “vender una experiencia”: que la gente pueda venir a la granja, conocer el proceso, dar de comer a las alpacas, entender qué hay detrás de una prenda que vas a poder llevar toda la vida. En definitiva, este proyecto pasa por la sostenibilidad, por saber qué es lo que te pones encima.

P: ¿Qué consejos le darías a otras mujeres que están pensando también en emprender y no se atreven?

Primero, que se animen a contar lo que quieren hacer. Luego, saber que no se puede montar un negocio de forma inconsciente, pero que hoy las mujeres podemos emprender y que las cosas para nosotras han cambiado. Yo ya he perdido la cuenta de las veces que me han dicho “estás loca”, y aquí estoy…

Por otro lado, animaría a las mujeres a buscar una red. Existen muchos talleres de emprendimiento para capacitarse. Mi proyecto lo ideé en 2015, pero no fue hasta 2018 cuando empecé a montarlo. Fue un proceso en el que fui haciendo cursos varios: de administración, de ganadería, de búsqueda de ayudas… También hay que ser conscientes de que se necesita esfuerzo y formación.

Y por último, les diría que no pierdan la ilusión. A mi me siguen ilusionando mis alpacas: conozco a cada una de ellas, su carácter, cuándo una de ellas está “pachucha” o se mueve diferente… Al final es eso, hacer lo que te gusta.

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